Martes 6 de octubre de 2026

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Ámbar de Simojovel conserva el primer hongo con sombrero fósil de México

Investigadores del IPN documentaron un hongo con sombrero de tres milímetros conservado en ámbar de Simojovel, publicado el 1 de octubre como el primer registro fósil del orden Agaricales en México.

Ámbar de Simojovel conserva el primer hongo con sombrero fósil de México

La pieza procede de las Minas Montecristo, en el municipio de Simojovel, y está resguardada con la clave IPN-PAL 11 en la Colección de Paleontología de la Escuela Nacional de Ciencias Biológicas del IPN, en la Ciudad de México, de acuerdo con el estudio. El ejemplar fue donado a esa colección por la Colección de Ámbar de Chiapas Elena Estrada Millán. El cuerpo completo mide 2.7 por 3.0 milímetros; el sombrero alcanza 3.0 milímetros de diámetro y el pie 1.7 milímetros de largo, con tonos marrón oscuro y anaranjado claro.

Para su descripción, los investigadores utilizaron dos microscopios estereoscópicos, un Olympus SZX10 y un ZEISS Axio Zoom.V16, y lo ubicaron dentro del orden Agaricales, que agrupa a buena parte de los hongos con sombrero y láminas conocidos en la actualidad. Según los autores, se trata de un grupo de tejidos blandos que rara vez se fosiliza y que solo cuenta con 14 especímenes en el registro fósil mundial, desde el Cretácico Inferior hasta el Mioceno temprano. En México, señalan, no existía un registro fósil previo de este orden.

El ámbar de Simojovel corresponde a resina fosilizada de dos especies extintas de árboles del género Hymenaea, H. mexicana y H. allendis, con fechamientos por uranio-plomo que lo ubican entre 23 y 16 millones de años, en el Mioceno temprano. Los autores describen al yacimiento como uno de los más importantes del mundo por la abundancia y diversidad de inclusiones orgánicas. Concluyen que el hongo creció cerca de un árbol productor de resina en un paleoambiente tropical a subtropical, cercano a la costa, lo que permitió conservar sus láminas finas.

El estudio reconoce que la posición del ejemplar y el color del ámbar no permitieron diferenciar las esporas, y que la presencia de materia orgánica y restos de artrópodos y plantas impidió clasificarlo hasta el nivel de familia. Aun así, lo considera una pieza clave para el conocimiento de los hongos fósiles en el país. La investigación, publicada el 1 de octubre en la Revista Mexicana de Biodiversidad de la UNAM, recibió financiamiento de la Secihti y del IPN y está disponible en acceso abierto.

Con información de medios locales.