Huele a canela y a recuerdo: el dulce de calabaza conquista las ofrendas en Chiapas
El aroma a canela y piloncillo ya inunda las cocinas de Chiapas: el dulce de calabaza vuelve a las ofrendas este Día de Muertos para honrar a quienes ya no están.
La receta no falla y casi todas las familias la conocen de memoria. Calabaza de Castilla cortada en trozos, agua, azúcar o piloncillo, canela y, según el gusto de cada casa, clavo de olor y cáscara de naranja. Todo va a la olla a fuego lento hasta que la pulpa se ablanda y se empapa del jarabe.
Durante la cocción el líquido se espesa y suelta ese olor que avisa que ya viene noviembre. Se sirve en porciones bañadas con su propia miel, con ese toque cítrico que distingue a las versiones chiapanecas. En otras regiones lo llaman calabaza en tacha o en conserva, pero el corazón es el mismo.
La historia viene de lejos. La calabaza es originaria de Mesoamérica y se aprovecha entera: pulpa, semillas y flores. Los dulces ya existían antes de los españoles, el azúcar y el piloncillo los transformaron, y el nombre de tacha nació de las calderas de los ingenios coloniales.
En el altar no está de adorno. Las familias lo colocan porque era el sabor que sus muertos disfrutaban en vida. Más que un significado único, vale por lo que provoca: cocinar como lo hacían las madres y abuelas, pasar la receta a los nietos y mantener la memoria viva entre especia y dulzor.
Con información de medios locales.


