Parecía débil y era brutal: detectan explosión cósmica que ocultó su potencia real
Lo que parecía un destello modesto resultó ser una bestia energética. La explosión GRB 260310A, detectada en marzo, escondió su potencia real porque la Tierra la vio de lado.
El destello lo captó el telescopio espacial Fermi, de la NASA, el 10 de marzo de 2026. Duró apenas 53 segundos y por su energía aparente no entró en la lista de los más extremos. Parecía un estallido más, uno modesto en medio del catálogo.
Meses de seguimiento contaron otra historia. El resplandor residual, el afterglow, en lugar de apagarse subió de brillo en luz visible durante horas antes de decaer, de acuerdo con los científicos. Semanas después los rayos X volvieron a intensificarse y siguieron detectables por meses, hasta convertirlo en uno de los afterglows más brillantes de las últimas dos décadas.
La trampa estaba en la perspectiva. Los estallidos de rayos gamma no lanzan su energía en todas direcciones, la concentran en chorros estrechos que viajan casi a la velocidad de la luz, explicaron los investigadores. La Tierra no estaba dentro del haz más intenso, por eso el fogonazo inicial se vio débil aunque la explosión era extraordinariamente energética.
Para cazarla armaron una flota. Entraron el observatorio Chandra, el XMM-Newton europeo, la misión Einstein Probe, el Large Binocular Telescope y el Very Large Array, que siguieron el evento en rayos X, luz visible y radio. La red robótica BOOTES, coordinada desde España, mantuvo la vigilancia óptica con el telescopio TELMA en Málaga y el telescopio Javier Gorosabel en San Pedro Mártir, en México.
El caso, publicado en The Astrophysical Journal Letters, deja una lección para la astronomía. El destello duró menos de un minuto, pero sus ecos quedaron visibles por meses. Estudiar la geometría del chorro es ahora clave para entender cómo se ven desde la Tierra las explosiones más violentas del universo.
Con información de medios locales.


