Resisten al olvido: flores silvestres de cerros chiapanecos perfuman las ofrendas en Tuxtla
En pleno Todos Santos, las flores silvestres de los cerros de Chiapas se niegan a desaparecer y perfuman las ofrendas en las calles de Tuxtla Gutiérrez.
Las canasteras ya tendieron sus puestos en las calles de Tuxtla Gutiérrez. Entre cempasúchil y papel picado, guardan manojos verdes que muchos jóvenes ya no saben nombrar.
Son la flor de lechita, el nangaño o punupunú y la siempreviva. Crecen solas en cerros, montañas y zonas rurales de Chiapas y solo aparecen para Todos Santos.
A diferencia de la flor comercial, estas se cortan a mano. Quienes las venden caminan cerros de San Fernando, Berriozábal, Chiapa de Corzo y La Rivera para bajarlas, mientras la lechita se busca hasta en lo alto de la montaña. Su llegada al mercado también es el viaje de quien cosecha.
La gente pasa de largo sin reconocerlas, pero en los altares mandan. La siempreviva aguanta días intacta y las otras sueltan un aroma que se queda pegado en la casa y anuncia que los muertos ya vienen.
En la Primera Poniente, frente al templo del Señor del Calvario, las vendedoras mantienen viva la tradición. Quien quiere ofrenda de a de veras, ahí encuentra la memoria floral de Chiapas.
Con información de medios locales.


