¡Tiembla más fuerte en el centro!: el suelo blando de Tuxtla amplifica los sismos
El centro y el surponiente de Tuxtla tiemblan más fuerte: bajo esas zonas hay de 10 a 20 metros de sedimentos blandos donde se concentraron los daños del sismo de 2017, según un estudio de la UNICACH y Protección Civil Municipal.
Los investigadores midieron la vibración del suelo en 285 puntos de la mancha urbana para calcular cuánto relleno suelto hay sobre la roca firme. El grosor va de 3 a 46.78 metros según la zona, y entre más grueso y flojo es ese colchón, más amplifica las ondas de un sismo, lo que los sismólogos llaman efecto de sitio.
Al cruzar ese mapa con los daños del terremoto de magnitud 8.2 del 7 de septiembre de 2017, el golpe se repite en el mismo lugar: el centro y el surponiente, sobre capas de 10 a 20 metros. El trabajo, publicado en la revista Espacio I+D de la UNACH y firmado por académicos de la UNICACH y Protección Civil Municipal de Tuxtla, se armó con mapas de suelos y geología más un registro de daños levantado en campo entre 2017 y 2020, con encuestas a vecinos, entrevistas a cronistas y cada edificio afectado ubicado con GPS.
El estudio también advierte sobre la ladera sur de la ciudad, al pie de la meseta de Copoya. Esa franja es inestable por naturaleza porque está formada por material desprendido de los bordes de la meseta.
En Chiapa de Corzo el patrón es igual de claro. Los autores revisaron 198 manzanas, con sedimentos de entre 7.12 y 14.62 metros, y los daños se concentran donde el relleno mide de 8 a 12 metros: el centro histórico y las orillas del río Grijalva, de suelos blandos y poco consolidados. Ahí se dañaron una y otra vez los templos del Calvario, Santo Domingo y San Jacinto. Cerca de 30 % de los inmuebles afectados revisados eran casas tradicionales de adobe, un material que resiste mal los temblores.
Tuxtla arrastra una larga lista de sustos: 18 sismos la han afectado desde 1897, de acuerdo con el recuento, entre ellos los de octubre de 1975, de baja magnitud pero con epicentro cercano, que dañaron portales y la fuente colonial; el de magnitud 7.1 del 21 de octubre de 1995, y el de 2017. Mientras tanto, la zona metropolitana —Tuxtla, Chiapa de Corzo, Berriozábal, Suchiapa y San Fernando— sumó más de 100 mil habitantes entre 2010 y 2020, alrededor de 14 % más, según el Censo de Población y Vivienda 2020 del INEGI. Solo Tuxtla tenía 604,147 habitantes y Chiapa de Corzo, 112,075.
Los autores señalan a la autoconstrucción como factor determinante: muchas familias de bajos recursos levantan sin asesoría técnica ni materiales que cumplan las normas. Piden que los planes de desarrollo tomen en cuenta cómo responde el subsuelo de cada zona para fijar reglas de construcción sismorresistente. Advierten que es una zonificación preliminar, hecha con información libre y mediciones no recientes —las de Chiapa de Corzo vienen de 2004—, que no evalúa casa por casa ni ubica colonias específicas. Quien tenga dudas sobre su vivienda, sobre todo si es de adobe o se levantó sin asesoría, puede pedir una revisión a Protección Civil Municipal o a un ingeniero civil con cédula.
Con información de medios locales.


