Viven sobre un río enterrado: San Roque se sostiene sobre 1,248 metros de embovedado sin planos en Tuxtla
El barrio de San Roque, en Tuxtla Gutiérrez, vive sobre 1,248 metros de río embovedado del que no existe un solo plano ni reporte técnico, revela una tesis doctoral de la UNACH que advierte riesgo de colapso.
El tubo corre desde la 9ª Sur y 3ª Oriente hasta la 3ª Norte y 7ª Poniente, en pleno centro de Tuxtla Gutiérrez. Los primeros tramos se levantaron entre 1965 y 1975 y la obra se inauguró en 1979, según la placa de la Plaza del Mariachi. De su construcción no quedó ningún plano topográfico ni reporte técnico.
La investigación es de Isisquetzalli Pérez Hernández, del Doctorado en Estudios Regionales de la UNACH, dirigida por Carlota Amalia Bertoni Unda y presentada en enero de 2025. Su pregunta es directa: por qué la gente sigue viviendo ahí pese al riesgo alto. Para responder hizo 8 entrevistas con 14 vecinos entre 2021 y 2022, recorridos de campo y revisión del Atlas de Riesgos de 2015, que coloca a San Roque entre las zonas más golpeadas junto a San Francisco y Potinaspak.
El antecedente más brutal está documentado: las lluvias del 2 de septiembre de 2016 derrumbaron un tramo del embovedado, una vivienda se vino abajo y otras 10 quedaron dañadas. Los vecinos cuentan socavones frente a sus casas, uno se tragó una camioneta, y juntaron firmas para frenar el paso de camiones pesados. La tesis marca como puntos críticos la entrada y salida del tubo, a la altura de la 9ª y 10ª Sur, y la capilla de Santa Cecilia, levantada sobre la estructura y ya agrietada.
Lo más insólito es la negación: los habitantes juran que ahí “no se inunda”, pero muestran marcas de agua de 10 y 20 centímetros y recuerdan subidas de hasta 60 centímetros. Como el agua baja en horas, la llaman “el agua que pasa”. Un comerciante del Andador San Roque contó que desde la remodelación de 2012 las coladeras de la 4ª Sur se tapan y la calle se vuelve “un río”.
Con base en estudios de ingeniería previos, la autora advierte que el desgaste del concreto por la intemperie y los gases de aguas negras podría colapsar la estructura a mediano plazo, y califica una restauración anterior como de “baja calidad” y sin fecha. El sismo del 7 de septiembre de 2017 dejó el andador “aún más vulnerable” y al descubierto descargas ilegales de drenaje, de acuerdo con la tesis. Ante sismos y lluvias, la respuesta más común es rezar y casi nadie guarda víveres ni documentos, mientras de Protección Civil solo conocen los anuncios de televisión.
Después del trabajo de campo hubo nuevas obras. En 2019 se reconstruyeron 150 metros del embovedado y, en mayo de 2025, Protección Civil municipal informó que los trabajos para atender grietas y socavones en San Roque y San Pascualito estaban prácticamente terminados.
Con información de medios locales.


