Enterrada de pie y con su oro: el misterio de la Tumba de la Sirena que vigila San Cristóbal
Enterrada de pie y con su oro a cuestas, Enedina García volvió a llenarse de flores este 2 de noviembre en el panteón de San Cristóbal de las Casas.
Su lápida no deja dudas: nació el 6 de mayo de 1876 y murió a los 24 años, el 22 de febrero de 1900. Era una joven de Los Altos que curaba con hierbas, ayudaba a las mujeres a parir y aliviaba con tés y plantas, y en tiempos de persecución contra curanderos la marcaron como bruja.
La leyenda la enterró parada, con todo el oro que le pagaron por curar cargado del lado derecho del cuerpo. El que se atreva a sacarlo, advierten en el panteón, se lleva la maldición encima.
El mausoleo impone: supera los ocho metros de altura y lo coronan cuatro sirenas con los brazos abiertos que la resguardan como símbolo de sabiduría. Es de las tumbas más antiguas del panteón, abierto desde 1898 y con más de 30 mil almas, y también de las más bonitas por su arquitectura.
Este 2 de noviembre amaneció con veladoras y cempasúchil, entre miles de turistas y locales que la buscan para dejarle ofrendas y pedirle favores. Sus descendientes piden desmitificarla: no era bruja, dicen, solo tenía el don de curar con hierbas. Y en San Cristóbal todos repiten la profecía: cuando caiga la última sirena, el espíritu de Enedina quedará libre.
Con información de medios locales.


