Acechan en Tuxtla: Tisigua, Sombrerón y cochas de lumbre se niegan a morir ante el celular
Se niegan a morir en Tuxtla. En pleno Día de Muertos, las leyendas de La Tisigua, El Sombrerón y el Carretón de San Pascualito luchan por sobrevivir frente al celular y la modernidad.
Sale de noche con su faja en la mano. El Sombrerón recorre varias regiones de Chiapas para toparse con los borrachos y darles una lección, y cuando no halla a nadie pasado de copas, se va contra los animales. Les deja las crines tejidas como marca y solo se calma si le dejan ofrendas, contó el cronista certificado Roberto José Fuentes Cañizales.
No es el único que espanta. En Tuxtla también asustan La Tisigua, El Carretón de San Pascualito, La Chepa, La Dama del Anillo, La Poza del Cura y La Dama de Blanco, historias nacidas en los barrios que aún erizan la piel. De acuerdo con el escritor, autor de varios libros sobre espantos de Chiapas y de la capital, las fiestas de Muertos son mucho más que altares y panteones llenos de color: son días de misticismo donde los relatos salen a la calle.
Hay mujeres que te pierden en el camino. La Malhora o Tisigua se aparece como una figura femenina atractiva en medio de la vereda, te atrae y te extravía, relató el también jurado de altares y calaveritas. Y hay cochas que arrasan con todo: la enfrenada, una puerca enorme con cadenas que se escapa y destroza todo, la desenfrenada que tira cercas para dañar a ciertas personas, y otra que lleva lumbre en los ojos y puede quemar jacales.
La tradición viene de lejos. Según el cronista, el culto a los difuntos nació en tiempos prehispánicos y en la Colonia se mezcló con lo cultural y lo religioso hasta volverse la fiesta que hoy llena los panteones. El enemigo ahora es otro: la modernidad metida en cada casa, con el celular clavado en las manos, que ya rompió esas reuniones familiares donde los abuelos contaban espantos.
Con información de medios locales.


