En secreto y casi gratis: diez parteras acompañan abortos seguros con medicamentos en Chiapas
Diez parteras tradicionales de Los Altos y la frontera de Chiapas acompañan interrupciones de embarazo con medicamentos recomendados por la OMS, según un estudio de la UNACH y Ecosur publicado en 2026.
Cobran casi nada y trabajan en silencio. Las diez mujeres atienden en sus casas y comunidades a chiapanecas y migrantes que llegan de cerca y de lejos, y la mayoría no cuenta lo que hace ni ante su familia por miedo al señalamiento y a la ley. Solo en comunidades autónomas zapatistas una de ellas dice operar sin esconderse.
El hallazgo es de las investigadoras Geicel Llamileth Benítez Fuentes, de la UNACH, y Georgina Sánchez-Ramírez, de Ecosur en San Cristóbal de Las Casas, publicado en 2026 en la revista Social Medicine. Entrevistaron entre marzo y julio de 2018 a cinco parteras de Los Altos y cinco de la zona fronteriza con Guatemala, de 36 a 66 años y con 12 a 45 años de oficio. Con poca o ninguna escolaridad, cuatro con lengua materna tsotsil o tseltal, aprendieron a usar los fármacos que recomienda la Organización Mundial de la Salud gracias a la capacitación de una asociación civil, no de la Secretaría de Salud.
Varias contaron que antes usaban hierbas y las dejaron al comprobar que los medicamentos eran más eficaces y seguros. Cinco años después, las autoras volvieron a preguntar a la organización que las abastece y capacita si la violencia y los bloqueos habían cortado el acceso. La respuesta fue que las capacitaciones son más esporádicas y los insumos llegan con menos frecuencia, pero en mayor cantidad.
El peso de las parteras en Chiapas se mide en cifras oficiales. De los 132 mil 283 nacimientos registrados en el estado en 2025, 35.8 % se atendió en domicilio particular y 40.3 % en hospital o clínica, de acuerdo con la Estadística de Nacimientos Registrados del INEGI. El contexto legal cambió tras el trabajo de campo: el 7 de noviembre de 2024 la Suprema Corte invalidó el artículo 181 del Código Penal de Chiapas y ordenó al Congreso garantizar la interrupción hasta las 12 semanas.
Aun así, sostienen las autoras, el estigma y la falta de servicios públicos mantienen a las parteras como la opción más cercana para muchas mujeres pobres, indígenas o migrantes. El trabajo, con diez entrevistas, describe experiencias y no permite saber cuántas parteras hacen esta labor ni a cuántas mujeres atienden. La seguridad reportada se basa en lo que relatan las propias parteras, sin seguimiento clínico de las pacientes.
Con información de medios locales.


