¡Ya es otra ciudad!: San Cristóbal pasa de 4.9% a 31% de hablantes indígenas en 60 años
De 4.9% en 1960 a 31% en 2020: familias tsotsiles y tseltales levantaron las colonias del norte y del sur de San Cristóbal, revela un estudio de Ecosur.
La otra cara de la ciudad nació en la periferia. A partir de 1973, conflictos religiosos en San Juan Chamula y Chalchihuitán obligaron a salir a 20,896 personas, en su mayoría tsotsiles convertidos al protestantismo, de acuerdo con el estudio. Llegaron al norte de San Cristóbal y levantaron casas de madera y nailon, a veces en terrenos invadidos que después compraron.
Ahí brotaron colonias como La Hormiga, Getsemaní, Paraíso y Palestina. Iglesias evangélicas, la Diócesis de San Cristóbal y organizaciones civiles ayudaron a comprar predios y a construir viviendas, documentan los autores Iris Janeth Trujillo López y Germán Martínez Velasco.
El sur era otra historia: humedal y potrero hasta los años sesenta. Tras la inundación de 1973 se construyó entre 1973 y 1976 un túnel para desaguar el valle, y los terrenos drenados se rellenaron poco a poco. Así se poblaron Altos de María Auxiliadora, Las Minas y Corral de Piedra con familias de Huixtán, Oxchuc, Tenejapa, Chanal, Ocosingo y Tumbalá.
El levantamiento zapatista de 1994 abrió una segunda ola. En los primeros meses de ese año se ocuparon terrenos en ambas periferias y nacieron colonias como 1° de Enero, Emiliano Zapata y 5 de Marzo, en parte sobre áreas de reserva ecológica. La pérdida de ese suelo no se detiene: la ciudad perdió 84 hectáreas de humedales en solo seis años.
Los censos del INEGI muestran el vuelco. En 1970 los hablantes de lengua indígena ya eran 17.8% de la ciudad; en 1980, 28.4%; en 2010 llegaron a 33.5%, y en 2020 se ubicaron en 31%. La cabecera pasó de 25,700 habitantes en 1970 a 73,388 en 1990, y el municipio completo contó 215,874 habitantes en 2020, con una densidad que subió de 48 a casi 379 habitantes por kilómetro cuadrado.
En la ciudad dejaron el campo por la obra y el comercio. La mayoría solo terminó la primaria y trabaja por su cuenta como albañiles, vendedores ambulantes, paleteros o boleros, según las entrevistas. Muchas mujeres lavan y planchan ropa ajena, cocinan o trabajan en casas. Conservan la milpa en patios, el nixtamal, la leña y el temascal, pero la lengua se repliega: padres que sufrieron discriminación dejaron de enseñar tsotsil o tseltal a sus hijos y la ropa tradicional casi desaparece entre jóvenes.
El trabajo, publicado el 22 de abril de 2026 en la revista Economía, Sociedad y Territorio, se basó en campo de 2022 y 2023 con 25 entrevistas a fundadores y 90 cuestionarios solo en la zona sur. Los propios autores advierten el límite: en el norte hubo menos entrevistas por la inseguridad, por lo que es un estudio cualitativo que describe procesos y no mide a toda la periferia.
Con información de medios locales.


