La bruja que no era bruja: la tumba que se llena de flores cada Día de Muertos en San Cristóbal
Más de un siglo después de su muerte, la tumba de Enedina García vuelve a llenarse de cempasúchil y veladoras en el Panteón Municipal de San Cristóbal este Día de Muertos.
Nació en 1876 y murió el 22 de febrero de 1900, siendo muy joven. De acuerdo con reportes ciudadanos, Enedina García curaba a los enfermos con hierbas y plantas medicinales en San Cristóbal de las Casas.
En esa época, según esas versiones preliminares, a quienes curaban así los perseguían como brujos. De ahí nació el apodo con el que todos la conocen: la bruja de Jovel.
Su tumba en el Panteón Municipal no pasa desapercibida. La conocen como la tumba de la Sirena y, cada Día de Muertos, vuelve a cubrirse de flores de cempasúchil y veladoras.
Alrededor de su historia creció la leyenda. Cuentan que la enterraron con su riqueza y que ese dinero estaba maldito. Dicen también que quien hable mal de ella sufrirá dolores de cabeza y calentura, y que el día que caiga la última sirena de su tumba, regresará.
Sus familiares lo desmienten. Aseguran que no era bruja, que solo tenía el don de curar con plantas. Aun así, más de un siglo después, hay quienes le llevan flores y le piden favores.
La historia se mantiene viva por la tradición oral, información aún no confirmada por las autoridades. Hasta el momento no se ha dado a conocer ningún parte oficial sobre la tumba ni sobre los rituales que la rodean.
Con información de redes sociales.


